La Ciudad de la Alhambra

 


La ciudad de la Alhambra

La Alhambra es una ciudad palatina, planeada y construida para ser sede de la dinastía nazarí entre 1238 y 1492. Su urbanismo representa perfectamente la tradición del occidente medieval islámico: Al Ándalus.

A lo largo de sus dos siglos y medio de crecimiento fue organizada en unos 105 mil m², sin contar las zonas exteriores y edificaciones colindantes vinculadas. Durante ese tiempo la ciudad fue transformándose de la mano del sultanato, siempre inestable.

Tras su conquista, los Reyes Católicos la integraron, con intención simbólica en el conjunto de ciudades residencias del reino, adquiriendo nueva importancia urbanística con su nieto, el Emperador Carlos V que completa su fortificación mandando edificar el gran palacio del renacimiento que lleva su nombre: Palacio de Carlos V.

Siempre se ha dicho que el recinto de la Alhambra era similar al de un barco anclado en una montaña que, en árabe, era Sabika. Se trata de una extensión de Sierra Nevada al interior la Vega de Granada. Esta configuración territorial favoreció que la ciudad de la Alhambra fuera rodeada por una muralla que la hacía inaccesible a posibles asaltos.

Conectada con ésta también mediante murallas, hacia el norte con el Albaicín y hacia el sur con las Torres Bermejas, la Alhambra dispone de cuatro puertas principales: la de las Armas, la del Arrabal, la de Siete Suelos, y la de la Justicia, que actualmente es la principal y más famosa.

Por la cara interna de la muralla corría una calle de ronda para conectar de manera directa y rápida los espacios y, en caso de asalto, poder usarse como foso defensivo. Una treintena de torres, desiguales en forma y tamaño, se reparten por toda la muralla, resultando a la vez miradores defensivos, dándole su característico aspecto fortificado.

Como ciudad palatina, el Alcázar, al-Qasr, era el espacio más importante, pues era la residencia familiar de la dinastía, hoy llamada “Palacios Nazaríes”. En ella había también oficinas administrativas, lugares de reunión y audiencias. Además congregaban celebraciones institucionales y recepciones coincidiendo con fechas señaladas del calendario. Este área tenía un carácter unitario, pero repartido en diferentes palacios, levantados en distintas épocas, casi todos adaptando y redecorando su antecedente, o edificando un nuevo en su solar.

Los palacios tenían una estructura semejante a cualquier vivienda, pero con mayor dimensión y una decoración propia de los emires que los ocupaban, entre patios, miradores y jardines en los que el agua y la vegetación adquieren gran protagonismo. Los palacios disponían de baño y pequeñas mezquitas.

La defensa de la ciudad y la propia seguridad dinástica eran aseguradas desde la Alcazaba (al Qasba), situada estratégicamente y con comunicación directa con el resto de la Alhambra.

Para atender cualquier necesidad de la ciudad y de la corte estaba la Madínat al Hamrá’, barrio residencial intramuros, que se organizaba siguiendo la calle Mayor (Calle Real) en suave ascenso de Oeste a Este. Esta medina, como ciudad musulmana, se ordenaba en torno a una Mezquita mayor. Había también casas.

En la zona alta de la ciudad se ubicaban pequeños talleres artesanos, con hornos para cerámica y vidrio, una tenería para curtidos, e incluso una ceca para acuñar moneda.

El tramo urbano de la Acequia Real, que corría emparejado a la propia calle principal, abastecía a toda la ciudad median te aljibes, norias, y un sinfín de canalizaciones. Placetas calles secundarias, cobertizos, completaban el paisaje urbano de la ciudad de la Alhambra.


Comentarios