Los orígenes de Granada




La ciudad de Granada formó parte de al-Andalus a lo largo de los casi ochocientos años de ocupación musulmana en la Península Ibérica (711-1492) y fue dos veces capital de un reino andalusí: en el siglo XI con los ziríes y entre los siglos XIII y XV con los nazaríes. 

Estas dinastías hicieron de Granada una ciudad excepcional, pues construyeron el conjunto monumental de la Alhambra y el casco histórico del Albaicín, ambos Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1984.

Durante los primeros 300 años de al-Andalus la capitalidad del islam peninsular correspondió a Córdoba, y Granada parece haber quedado despoblada en favor de Madinat Ilbira, ciudad de la que quedan algunas ruinas en la Vega de Granada. 

A comienzos del siglo X Granada contaba con una pequeña fortificación llamada Hisn al-Hamra’, El Castillo de la Alhambra (La Roja), núcleo de la gran ciudad palatina que ha llegado hasta nosotros. 

Tras el desmembramiento del califato de Córdoba, nace el concepto de Medinat Garnata (Granada), cuando los ziríes la convierten en capital de una taifa (1013-1090) que rivalizó en pujanza artística, intelectual y militar con las de Sevilla, Almería, Toledo o Zaragoza. ¡Si quieres saber más sobre la Granada Zirí, pulsa ahí!

Durante el siglo XI, Granada se dota de las infraestructuras de una activa y completa ciudad andalusí, cuyas principales construcciones son todavía visibles en la ciudad: las murallas y puertas de la Alcazaba Cadima, el complejo sistema hidráulico formado por acequias, aljibes y baños y diversos vestigios de la expansión de la ciudad hacia el río Darro y la llanura, donde los ziríes erigieron la Mezquita Mayor de Granada en el solar que en el que más tarde se construiría la catedral.

Con la llegada de los almorávides en 1090, y después de los almohades en 1157, Granada pasa a ser una provincia de la metrópoli que ambas dinastías bereberes establecieron en Marrakech.

Tras el derrumbe del gobierno almohade en la península ibérica, al-Andalus queda reducida al reino nazarí y Granada vuelve a ser capital de Estado (1238-1492), a la cabeza ahora de todo el territorio del islam peninsular, que incluía las actuales provincias de Granada, Almería y Málaga y, en el siglo XIV (máximo apogeo),  Jaén, Murcia y Cádiz. 

El último reino de al-Andalus perduró 260 años, más que la mayoría de los reinos islámicos o cristianos habidos en la península ibérica, y en él se prolongó lo mejor de las ciencias, la literatura, el pensamiento y las artes andalusíes.

En la Granada nazarí se mejoraron y multiplicaron las obras civiles (siglo XIV) entre las que destaca la Alhóndiga Nueva o Corral del Carbón además de la Madrasa (escuela islámica superior) y el Maristán (hospital), únicos edificios en su género que llegaron a construirse en al-Andalus.

Como es sabido, 1492 fue un año de cambios. Boabdil rinde el reino de Granada en favor de los Reyes Católicos y se pierde para siempre la dominación musulmana en la península. Pero una cosa es segura, La Alhambra jamás fue vencida, sino que fue el último Sultán nazarí quien rindió la ciudad sin ni siquiera haber entablado batalla y así mantener a salvo el legado de sus ancestros.

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